En plena temporada de setas y hongos, existen dos posibilidades para guardar y conservar una cantidad de lo que hemos cogido:
1. Congelar:
Una vez limpias, se
trocean y se cocinan un poco. Se deja enfriar y se congelan en recipientes herméticos
o envasadas al vacío. Cuando las queramos usar, lo mejor es cocinar sin
descongelar.
2. Secar:

Sabremos que están
secas porque disminuyen unas tres veces su tamaño y quedan más duras.
Asegúrate de que están bien secas antes de guardarlas en un frasco de plástico cerrado.
Asegúrate de que están bien secas antes de guardarlas en un frasco de plástico cerrado.
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Aumentarán considerablemente su volumen y el agua que hemos usado la podremos usar como caldo para cocinar, ya que tiene también los nutrientes y el sabor de la seta.
Si las vamos a cocinar en salsa, o con líquidos, no hará falta rehidratarlas, ya que lo harán solas al cocinarlas con el resto de ingredientes.